Chuparse el dedo es un gesto muy común durante los primeros años de vida. Forma parte del desarrollo emocional y motor del bebé y cumple una función importante de consuelo. Sin embargo, cuando este hábito se mantiene más allá de los primeros años, puede afectar de forma significativa al desarrollo de la boca, los dientes y la mordida.
En Clínica Dental Ceballos, te explicamos por qué ocurre, cuáles son sus consecuencias y qué medidas pueden ayudar a corregirlo a tiempo.
La succión digital es el hábito de chuparse el dedo «generalmente el pulgar «de manera repetitiva. Se trata de un reflejo natural en los bebés, que les aporta tranquilidad, seguridad y bienestar.
Durante los primeros meses e incluso los primeros años de vida, no representa un problema. El inconveniente aparece cuando este hábito se mantiene más allá de los 3 o 4 años de edad, momento en el que los huesos maxilares y los dientes comienzan a desarrollarse activamente.
¿Por qué los niños mantienen este hábito?
En muchos casos, la succión digital persiste por motivos emocionales o de conducta. El niño asocia el gesto con momentos de calma, sueño o estrés. También puede aparecer como una respuesta ante cambios importantes (inicio del colegio, llegada de un hermano, ansiedad por separación, etc.).
Por ello, además del aspecto físico, este hábito tiene una dimensión emocional que debe abordarse con comprensión y acompañamiento familiar.
Consecuencias de la succión digital
1. Mordida abierta anterior
Los dientes anteriores (incisivos superiores e inferiores) no llegan a contactar al cerrar la boca. Esto puede dificultar la masticación y la pronunciación de ciertos sonidos.
2. Compresión del maxilar superior
El paladar se estrecha y adopta una forma más alta, lo que altera la mordida y la respiración nasal. En algunos casos, se asocia a respiración bucal y ronquidos nocturnos.
3. Protrusión o desplazamiento de los incisivos
La presión del dedo sobre los dientes superiores empuja los incisivos hacia adelante (“dientes salidos”), mientras que los inferiores tienden a inclinarse hacia dentro, generando apiñamiento y desequilibrio estético.
4. Alteraciones funcionales
El hábito puede asociarse con deglución atípica, donde el niño empuja la lengua hacia adelante o coloca el labio inferior por detrás de los dientes superiores al tragar.
Esto provoca tensión muscular, desgaste dental y movimientos compensatorios que agravan la maloclusión.
5.Problemas en el habla y la estética facial
La posición inadecuada de los dientes y la lengua puede dificultar la pronunciación de fonemas (“s”, “t”, “d”) y modificar la forma del tercio inferior de la cara, generando un perfil más alargado o con el labio superior adelantado.
6. Succión labial: un hábito relacionado
En algunos casos, la deglución atípica se combina con interposición del labio inferior entre los dientes superiores e inferiores.
El niño “muerde” su propio labio de forma inconsciente, generando presión continua sobre los incisivos.
Con el paso del tiempo, esto provoca que los dientes superiores se inclinen hacia fuera y los inferiores hacia dentro, aumentando el apiñamiento.
Aunque parezca un gesto inocente, esta postura repetida altera la posición dental y el equilibrio muscular de toda la boca.
¿Cómo se puede corregir?
El tratamiento depende de la edad del niño, la intensidad del hábito y el grado de alteración ya presente.
En la mayoría de los casos, el abordaje combina:
1. Educación y acompañamiento familiar
El primer paso es crear conciencia en el niño, sin regaños ni castigos.
Se pueden usar estrategias motivacionales (recompensas, calendarios, historias visuales) para reforzar el abandono del hábito.
2. Intervención del ortodoncista
Si ya existen cambios en la mordida, el especialista puede recomendar el uso de aparatología interceptiva, como rejillas o dispositivos suaves, que impiden la succión sin causar molestias.
Estos tratamientos son temporales y buscan reeducar la función oral y guiar el crecimiento correcto del maxilar.
3. Ejercicios miofuncionales
En algunos casos, se incorporan ejercicios de terapia miofuncional orofacial, para fortalecer los músculos de labios y lengua y corregir patrones de deglución o respiración inadecuados.
¿Cuándo consultar al ortodoncista?
Se recomienda realizar una primera revisión ortodóncica entre los 6 y 7 años, aunque en niños con hábitos orales persistentes puede hacerse antes.
El diagnóstico precoz permite intervenir de forma sencilla y evitar tratamientos complejos en el futuro.
En Clínica Dental Ceballos,la Dra. Elena Ceballos y el Dr. Jóse Ceballos especialistas en ortodoncia realiza un seguimiento integral del crecimiento bucodental infantil, valorando tanto el aspecto dental como funcional del desarrollo oral.
Si notas que tu hijo aún se chupa el dedo o coloca el labio inferior entre los dientes, agenda una revisión al: +34 636 666 657
Un diagnóstico a tiempo puede marcar la diferencia en el desarrollo de su sonrisa.



